Menos mal que os tengo a vosotras para darme ideas, este empanamiento mental sumado a la astenia primaveral ¡me tienen bloqueada!
El otro día me contó una lectora que le hacían en breve la mastectomía y quería saber si iba a ser muy dependiente al llegar a casa, si tendría que tirar de madre y novio más de la cuenta, así que decidí contaros mi experiencia en el blog por si a alguna os puede ayudar y os da una idea aproximada de lo que os va a tocar . Ya sabéis que no soy médico ni profesional sanitario de ningún tipo ni ramo, por eso la versión que os cuento, es mi propia versión, la de la enferma y sobre mi caso en concreto.
A ver si no me dejo nada, seguro que no soy del todo literal porque han pasado casi tres años (¡qué barbaridad!) y en la distancia tendemos a olvidarnos de lo malo. (y con el tamoxifeno también de lo bueno, jajaja)
Cuando ya tenía el diagnóstico y la hoja de ruta (mastectomía + quimio), había que poner fecha (cuanto antes), y una vez fijado el día pedí encarecidamente ser la primera en el quirófano (así pillaba a todos los intervinientes descansaditos y no me daba tiempo a ponerme nerviosa). ¡Deseo concedido!
Me citaron a las 8 de la mañana en ayunas (el anestesista me dejo tomarme un «amiplin» tragado sin agua al levantarme) y cuando estaba en la habitación llegó Verónica (la plástico) a quitarle hierro al asunto. Apareció la tía como si fuera a clase de dibujo llena de reglas y rotuladores, se sentó en la cama enfrente de mí y se puso a llenarme de garabatos; me dibujó el contorno inferior del pecho, me midió y pintó la distancia del pezón al ombligo, del pezón a la parte central del cuello, me pintó el borde del pezón,…no sé cuantas cosas y de todo tomaba apuntes en su cuaderno. Mi marido y Verónica tronchados porque le repetía todo el rato que por favor no me dejara hucha.
De ahí a la ducha, a frotarme bien enterita con un producto desinfectante y de ahí al quirofano, de 8,45 a 18h que subí.
La primera sensación, contenta de ver a todos los que me estaban esperando que también se pusieron muy contentos al verme y de vuelta a la consciencia (lo de estar ausente no me mola nada); La segunda, cansancio pero no dolor.
Me inspeccioné y vi que estaba sondada, que tenía el pecho vendado entero, por delante y por detrás, como las cabezas de los soldados en las películas de guerra, los dos botecitos de los drenajes uno a cada lado saliendo del vendaje y la cama bastante incorporada. Supongo que estaba dopada pero no recuerdo un dolor constante; recuerdo una sensación como de agujetas muy intensa en todo el pecho y los brazos, como si me hubieran pegado un balonazo, pero como en las agujetas, solo me dolía si movía esos músculos. Así que procuré estar lo mas quieta posible.
Al día siguiente ya sin sonda, a la ducha. Un gusto pero un rollo, primero porque vas con los dos botes colgantes y te tienes que acostumbrar a no enredarte, a no pisarlos, ni dar tirones a los cables y segundo porque los brazos no los puedes levantar ni un milímetro (no solo por ese dolor de agujetas, es que parece que te han cortado los músculos y no se estiran más) Por fin me dejaron quitarme ese horrible camisoncito y después de la ducha me puse mi pijama nuevo. Con los pantalones de pijama me compré camisetas de tirantes pegadas que me podía meter por los pies con el tirante y la sisa suficientemente holgados para no tener que mover ni levantar mucho los brazos. Ese día paseito a cámara lenta y sillón.
El tercer día, para casa. Me quitaron el vendaje (y me quedé alucinada que mi nuevo pecho estuviera exactamente sobre la raya verde de mi contorno anterior y sorprendida porque era la primera vez que veía un pecho sin pezones) y me pusieron un horrible suti ortopédico, pero que da una sensación agradable de seguridad y sujeción. Antes de todo esto, masaje de la fisio (fundamental) que me dio la tabla de ejercicios diarios para recuperar la movilidad y los consejos a seguir a rajatabla el resto de mi vida para evitar el linfedema. Para salir del hospital, camisa abotonada por delante y amplia de sisa para meter los brazos con facilidad y bolso bandolera para los drenajes. Te sacas los cables entre los botones a la altura del ombligo y te plantas el bolso cruzado por delante donde escondes cables y botes. Aparte de que no se ve nada de nada (muy de agradecer porque es un poco asquerosillo), se evita el riesgo de liarte con los cables, tirar y deshacer el vacío.
En casa fui bastante independiente; recuerdo hacerlo todo con la calma. Tardaba horas en la ducha, la cura,los ejercicios, en vestirme,…pero sin estresarme lo más mínimo. Pedía ayuda sobretodo porque no podía cargar y para que me llevaran al hospital a las curas un día sí y otro no. Como se ofrecieron todas mis hermanas, primas, amigas,…hicimos un rotaturnos y cada día le daba la lata a una distinta. A la semana ya sin drenajes y sin tener que ir a curarme al hospital, lo hacía yo solita. Primero unos días con betadine y esparadrapo en toda la linea de la cicatriz, después crema de la lata azul mezclada con aceite de rosa mosqueta y al mes, tirita anticicatriz. Esta casi un año, pero así la tengo,que ni se ve.
El cansancio dura unas 3 semanas. Me dieron el tiempo justo para recuperarme y empezar con la quimio. Y yo muy obediente que es lo que toca.
Se supone que tendría que tener un recuerdo horrible de esta fase y es justo al revés. Recuerdo con cariño como se ocuparon todos de mí, mi marido, mis hijos, mis hermanas, mi madre y mi suegra que estaban a TODO, mi socia que se vino de La Coruña a cuidarme y hacerme compañía, mis amigas que se turnaban para llevarme a las curas, que venían de visita, me hacían la compra, iban a por mis bajas, se ocupaban de los niños, me acompañaban de paseo, me sacaban a tomar algo, a comer, …
No sé si compensa pero es un lujo darte cuenta de cómo te quiere todo el mundo.
Y además tuve la suerte de no tener ninguna complicación.
El viernes os prometo otro muy ilustrativo y ¡¡¡¡prometo no perder el ritmo!!!!

